Su ojo excepcional para la fotografía, su técnica, su capacidad de lograr cosas diferentes y su magia para conectar con las personas, lograron que el fronterizo Hugo Mora Trevizo (Ugo Mora) cruzara con su cámara las fronteras y fuera reconocido como uno de los mejores fotógrafos de sociales. 

Su muerte a causa de Covid-19, dejó este fin de semana de luto al gremio fotográfico de Ciudad Juárez, cuyos amigos y colegas lo recuerdan por su alegría, su humildad para ayudar a los demás y la dedicación a sus hijos. 

Hugo tenía 39 años de edad, 15 años de carrera, y era padre de Gael de 14 años y Carlitos de tres años, a quienes sus clientes y compañeros veían continuamente con él en las sesiones que realizaba. 

Él empezó en el mundo de la fotografía en Baquier Studio, cuyos inicios marcaron su forma de hacer fotos, por lo que siempre destacaba que su maestro había sido el señor Baquier. 

“Nos inspiraba a otros… con su técnica que es espectacular en el punto del balance del enfoque correcto en las microposes, en la sensibilidad de entender cómo enmarcar a una persona dentro de un paisaje, cómo entender el movimiento, las siluetas, y cómo conectar con la gente, el hacerte sentir como que no estabas posando, como que era fácil. Se convertía en un amigo más en ese momento especial, te hacía sentir que no estabas posando, que simplemente estabas siendo tú”, destacó Hugo Sánchez, quien compartió su amistad con él los últimos seis años de su vida. 

Al igual que para Sánchez, para sus colegas y amigos como Héctor Muñiz, Fabio López y Juan Bosco, Hugo era “un hermano”, en quien descubrieron a un ser humano generoso y talentoso, pero también un ejemplo de padre.

“Hugo era un hermano, el mejor amigo. Hugo era un padre como no he visto. La gente veía que él cargaba a sus niños a sus sesiones y no había otra manera de trabajar más que con ellos”, recordó Fabio López, quien era su amigo desde hace seis años. 

Para Fabio “Hugo es simplemente el mejor fotógrafo –en su ramo– que ha dado Ciudad Juárez. Su pasión era indescriptible, su trabajo era impecable. Era una persona que se atrevía a hacer, no le importaba arriesgar su equipo, su vida, su todo, por esa fotografía perfecta”. 

Y es que detrás de las maravillosas imágenes que mostraba Hugo Mora a través de sus redes sociales y que les entregaba a sus clientes, se encontraban no sólo diversos paisajes y arquitecturas, sino también arriesgadas acciones para poder tomar el encuadre que él lograba. 

“Él era de esos fotógrafos, se aventuraba y se metía con las cámaras al río y le valía el equipo. Tenía un ojo fotográfico excepcional, único. Hugo marcó la diferencia en la fotografía juarense, él hacía muchas bodas destino en playas, en Europa”, destacó Juan Bosco, quien en los últimos cuatro años no sólo se encargaba de reparar el equipo que Hugo dañaba en las sesiones que realizaba, sino también en ser su amigo. 

“Me cayó como balde de agua fría saber que un virus lo haya derrotado, porque era más probable que Hugo muriera al caer de una barranca, por una picadura de animal, de una tirolesa o de una piedra volada; sus sesiones nunca fueron sencillas, siempre lo veías trepado en un poste de luz, a una piedra. Siempre hacía fotografías imposibles, nunca se quedaba sólo con el encuadre de lo obvio. Siempre era reconocido en los cursos a los que íbamos, estaba a nivel de los mejores fotógrafos de México”, destacó Muñiz, quien además de su amigo era su socio. 

Hace semanas, Hugo se había realizado una prueba de Covid-19, que salió negativa, pero hace unos días sintió el cuerpo cortado y otros síntomas, por lo que volvió a hacerse otra, que salió positiva, narró. 

El lunes de la semana pasada publicó a través de sus redes sociales que estaba enfermo, y el jueves 15 de octubre las cosas empeoraron para él, por lo que escribió en su Facebook: 

“Sigan pensando que el Covid no tocará sus puertas. Hoy ya necesité oxígeno, sientes que tienes una piedra atorada en la caja torácica. No se lo deseo a nadie. Cuiden de su familia, de ustedes. Este brote es muy fuerte”. 

El viernes fue internado en el Hospital General y la tarde del sábado murió. “La noticia de su fallecimiento me llegó en la misa de una boda que tuve el sábado, porque lo estaba cubriendo”, recordó Héctor, quien lo había visto 20 días antes, pero debido a la pandemia habían mantenido distancia los últimos días.

“Hugo era rockero de corazón, estuvo en un grupo de baterista con el que grabó un disco, él le enseñó a su hijo a tocar batería. Era demás alegre, chistoso, teníamos muchas anécdotas”, lo describió.

Para Bosco, Hugo “era una excelente persona, vivaz, vivaracho, alburero… ya cuando lo conocías bien era bien humilde y era muy sencillo”. 

“Hugo como profesional siempre trataba de ayudarnos a todos, no era una persona egoísta, él estaba abierto a ayudar a cualquier persona a mejorar. Profesionalmente llegó a ser el mejor porque lo que él se proponía lo cumplía”, destacó Fabio.

“Su legado como fotógrafo es su sensibilidad a la luz, la capacidad de crear esos momentos únicos en las sesiones. Para él la vieja escuela no debería de morir, sino que debería de evolucionar”, apuntó Sánchez sobre quien con su cámara cruzó fronteras.